reflexiones con actitud
La vocación de servicio: una forma de estar en el mundo
Hay quien nace con ella, porque ha crecido rodeado de personas que servían sin hacer ruido. Mi abuelo Luis, por ejemplo, que siempre estaba ahí. O una madre, como la mía, incansable por hacerle la vida más fácil a todas las personas que tenía a su alrededor. Y uno acaba integrando eso sin apenas darse cuenta, como una forma natural de relacionarse con los demás.
Pero igual que todo lo que trabajamos en Descubre #tuCIENxCIEN, lo que ya tenemos innato hay que afianzarlo y, lo que no —y nos gustaría tener— hay que trabajarlo. No hay otra forma. Por eso, yo creo que la vocación de servicio también se entrena. Se puede convertir con el tiempo en un hábito. Se nace, sí, pero también se aprende, se practica, se rectifica y se reinicia.
la vocación de servicio: un onda expansiva
Para mí, es ACTITUD. Y esa actitud en positivo es una forma de estar, una disposición, una mirada hacia los demás.
Es empatizar: intentar ponerte en el lugar del otro. Es ser generoso: olvidarte un poco de ti para preocuparte de los demás. Es escuchar de verdad: “dentro de cada persona hay un mundo”. Es apertura de mente, observar con atención y, sobre todo: actuar cuando puedes facilitar la vida de alguien.
La vocación de servicio es una onda expansiva. Es silenciosa. No aparentosa. La vocación de servicio, sumada a la sensibilidad —esa capacidad innata de darte cuenta de las cosas—, es “la leche”. Y en una sociedad individualista y donde cada vez hay menos valores, es un valor infravalorado. No se le da importancia, quizá porque exige un nivel profundo de gestión emocional, de esa que solemos trabajar tanto en procesos personales y en muchos talleres de crecimiento personal, pero que se entrena tan poco en el día a día
Servir sin perderse: la vocación con DOSIS
La vocación de servicio no es darlo todo sin medida ni convertirse en mártir. No es patrimonio de los creyentes. Ni de la religión. Ni es un acto de sacrificio ni de culpa.
Tiene límites, y es importante ponerlos, porque sí, puede desgastar y puede llegar a ser tóxica. Sobre todo, si no hay equilibrio, o si se espera algo a cambio y eso no llega.
Por eso, servir no es perderse. No es dejar que abusen. No es olvidarse de uno mismo.
Cuando se hace con conciencia y equilibrio, desde el deseo auténtico de sumar, es egoístamente gratificante. Ayudar a otros le mejora a uno, impulsa una sana motivación laboral y, sin darte cuenta, fortalece un estilo de liderazgo positivo que nace desde dentro.
Liderar es servir: una transformación que empieza por ti
Te hace crecer como persona, como profesional, como líder y como compañero.Y esto lo noto cada vez más. Cuando lideras, cuando tienes personas a tu cargo, la vocación de servicio cobra todo el sentido. No estás ahí para que te sirvan, sino para facilitar, acompañar e impulsar. Para que brillen ellos. Para que crezcan. Para que reciban también sus propios reconocimientos.
Porque liderar también es servir. Y servir, bien entendido, es una forma muy seria de transformar el mundo, pero también de impulsar tu propia transformación personal, aunque sea solo en el pequeño mundo de quienes te rodean.
Esa es, al menos, mi experiencia. Y mi manera de seguir entrenándome cada día.