reflexiones con actitud
La sociedad del YA: entre la urgencia y la conciencia
¿Sabemos esperar o todo lo queremos ya?
¡Ya desde pequeños queremos ser mayores!
Por qué queremos acabar el colegio ya, terminar la carrera ya, empezar a trabajar ya, tener una casa muy grande ya, que llegue la Semana Santa ya, el verano ya, las vacaciones ya, acabar un libro ya, correr una maratón ya, un Ironman ya, hacer el amor ya, que nuestros hijos se hagan mayores ya, jubilarme ya.
Y de repente, YA.
La trampa del siguiente objetivo
Si la “felicidad”, o mejor dicho, lo que nos hace sentir bien, no es la meta —que también— sino, sobre todo, el camino. Es todo ese espacio de tiempo que transcurre desde que te fijas un objetivo hasta que lo consigues. Porque cuando lo consigues, ese sentimiento de bienestar pasa tan rápido que, nuevamente, necesitas marcarte un nuevo objetivo.
Pienso que se nos olvida lo más importante. ¡Se nos olvida VIVIR! Cada momento, cada instante. Cada segundo. Lo demás ya llegará.
Si hasta lo malo llega.
Pero ¿por qué no disfrutamos de todo ese camino? Que es, además, nuestro motor. Lo que nos hace levantarnos por la mañana con ilusión, tener ganas de trabajar, de querer, de cuidar, de pasarlo bien.
El orgullo de estar siempre ocupados
Llamas por teléfono a cualquier persona, le preguntas cómo está y su respuesta es: ¡estoy liado! Pero lo vuelves a llamar en vacaciones y… ¡sigue liado!
¡¡¡¿Qué estamos haciendo?!!!
Queremos hacer más cosas e ir a más sitios de los que jamás podremos hacer o visitar. Nos pasamos el día corriendo de un sitio para otro… ¿hacia dónde? No valoramos lo importante: disfrutar.
¿Qué nos está pasando?
O nos paramos, o la vida nos parará. Cuando estamos “malitos” nos damos cuenta de que muy pocas cosas son realmente importantes. ¿Qué hacemos entre tanto?
¿Nos hemos vuelto impacientes?
“Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”
¿Cómo va a ser la edad adulta de los que ahora son niños o jóvenes, los llamados “nativos digitales”, si nosotros, que nacimos con una pelota en la calle y sin pantallas en el bolsillo, somos los que estamos siempre liados?
Si nosotros aprendimos a esperar, a aburrirnos, a imaginar… y aun así vivimos acelerados. ¿Qué pasará cuando la inmediatez no sea una herramienta, sino el entorno natural en el que uno ha crecido?
Si a nosotros nos cuesta parar… ¿cómo lo harán ellos?
También es verdad que resulta muy fácil descargar en las pantallas nuestra frustración adulta con la prisa. Culpar al móvil. A las redes. A la tecnología.
Pero la pregunta es incómoda. ¿De verdad es la pantalla la que nos acelera… o ya estábamos corriendo antes?
La tecnología multiplica la velocidad. Sí. Pero la necesidad de llegar antes, de hacer más, de demostrar más… esa ya la traíamos puesta.